Capítulo 22 — Sombras, Ecos y la Prueba de la Distancia
La mañana se filtraba a través de los ventanales del departamento con una luz pálida y fría, típica del invierno que aún se resistía a ceder. Lyra se movía con cuidado entre cajas y prendas que aún no había tenido tiempo de organizar del todo, preparando su mochila para salir a realizar sus tareas cotidianas. El aroma residual del café que Nora había preparado, antes de partir hacía un par de horas, era el único signo de vida compartida, dejándola sola en medio de la rutina de la ciudad humana.
El trayecto al trabajo y luego a la universidad le parecía más pesado que de costumbre, y no por la distancia física, sino por la sensación extraña que le recorría la espalda: un nerviosismo sutil, mezcla de anticipación ante la promesa de ver a Elián y de un miedo atávico a lo desconocido. Había aprendido a manejar su vida con una independencia feroz, pero ahora que estaba construyendo algo nuevo, algo de cristal y acero que no podía