Horas antes de llegar a casa...
Al salir, la lluvia caía con una constancia suave, casi hipnótica, como si la ciudad hubiese decidido envolverse en un velo de calma después de un día demasiado largo. Las luces de los faroles se reflejaban sobre el asfalto húmedo, convirtiendo las calles en un mosaico de oro y sombras.
Aeryn caminaba a paso tranquilo junto a Adrian.
La chaqueta de él descansaba sobre sus hombros, todavía tibia por el calor que había retenido de su cuerpo. No la necesitaba para