Aeryn sabía a la perfección que las coincidencias.
no existían.
Pero Adrian empezaba a parecer una.
La tercera vez que coincidieron fue en la cafetería del campus. Ella estaba sola, revisando notas en su portátil, cuando él apareció con dos cafés en la mano.
—Adiviné tu pedido —dijo, dejando uno frente a ella.
Aeryn alzó la vista, sorprendida.
—No recuerdo habértelo dicho.
Adrian se encogió de hombros, relajado.
—Siempre pides lo mismo. Sin azúcar. Leche vegetal. Espuma mínima.
No sonó invasiv