Antenor había colgado el teléfono con visible molestia después de haber recibido la llamada del Alfa Dolph, no era posible que ese perro fuera tan incompetente.
No era capaz de mantener ni siquiera la seguridad de su propia manada, y como el inútil que era estaba llamándolo a él para que fuera a arreglar sus pequeños problemas domésticos, cuál cachorro sin destetar escondido tras las faldas de su mamá esperando a que le cambiaran el pañal.
Antenor gruñó por lo bajo y maldijo su mala suerte.
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