Pov Leina
No podía quedarme aquí y esperar a que Bastian hiciera todo el trabajo por mí. La estrecha cueva en la que me encontraba estaba completamente a oscuras.
Allá afuera parecía librarse una batalla feroz entre dos bestias. Cada rugido y aullido, mezclado con el de esa cosa, me hacían querer correr hasta allá.
Ahora que sabía quién era, entendía más el peso que recaía sobre mí.
No era una simple loba elegida; era la maldit4 hija de la mismísima Diosa.
Podrían llamarme terca, testaruda