El pasillo del instituto estaba silencioso, demasiado silencioso, como si todo el edificio contuviera el aliento. Lena avanzaba con pasos medidos, pero el temblor apenas perceptible de sus manos delataba lo que sentía. No quería mirar hacia los costados, no quería ver los muros que la habían visto llorar tantas veces.
Oliver lo notó enseguida. Caminaba a su lado, con las manos en los bolsillos y el gesto relajado que siempre lo caracterizaba, pero su mirada estaba fija en ella. Cada movimiento,