La mesa estaba servida. El comedor de la mansión Lancaster estaba iluminado con aquella lámpara de araña que colgaba de forma elegante sobre la mesa, el vino respiraba en las copas, y los platos humeaban, esperando a que alguien diera el primer movimiento. Lena había esperado lo suficiente, con los codos apoyados en la mesa y la mirada fija en la puerta. A su lado, Lucia jugaba con el tenedor, trazando figuras invisibles sobre el mantel. Ambas esperaban a Oliver, quien solía comer con ellas des