Celeste no había vuelto a buscar a Kerem. Desde aquella última vez que lo vio, cuando su hijo le prohibió volver a pisar su mansión y su mundo se había ido cerrando en sombras. Se dijo a sí misma que nunca más volvería a aparecer en la mansión ni en los viñedos. Prefería no ver jamás a su hijo, que pedirle perdón a Lena. La sola idea de rebajarse ante esa huérfana le causaba náuseas. Y ahora, nadie le había contado que él ya no estaba ahí. Que había tomado la decisión más importante, esa que du