Lunes por la mañana
El chófer aguardaba en la entrada principal de la mansión, con el auto negro impecable, brillante bajo la luz de la mañana. El motor permanecía encendido, y junto al vehículo estaban Oliver y dos guardaespaldas de la casa, atentos, con los brazos cruzados y las miradas vigilantes.
Lucia bajó primero de la escalinata de mármol, con su falda de cuadros y el suéter azul mientras su cabello recogido en una coleta alta se movía con la brisa. Llevaba su mochila en la espalda y ca