Kerem salió de su interior con un gruñido grave, como si arrancarse de ella fuera un acto que le costaba demasiado. Tomó entonces el cuerpo tembloroso de Lena con una facilidad dominante, girándola sin darle siquiera un respiro. Ella quedó boca abajo sobre las sábanas revueltas y su piel ardiendo bajo la penumbra de la habitación.
Un rubor intenso subió a sus mejillas cuando entendió la posición en que él la había dejado. Su rostro hundido contra las almohadas, su espalda desnuda expuesta al air