Kerem permaneció quieto, escuchando aún los murmullos apagados del personal que había sido testigo de todo.
—Todos, regresen a su trabajo —su voz resonó tajante, demostrando que no tenía paciencia para nadie. Los pasos se dispersaron, los susurros se apagaron al instante. Y cada sirviente regresó a sus labores sin cuestionar.
Entonces se giró hacia Lena, buscó su mano y la tomó con firmeza, apretándola como si temiera que ella quisiera soltarse.
—Vamos —espetó con la voz más grave. No estaba eno