Ignazio dudó unos segundos antes de envolver sus brazos en torno a Luciana. El aroma a caramelo de su champú lo envolvió y se encontró deseando sumergir la nariz en sus cabellos solo para conseguir más.
Su cuerpo se sentía cálido. Todo en ella era delicado y suave. Disfrutó de aquel abrazo mientras duró y cuando ella intentó dar un paso hacia atrás, la dejó ir, aunque le habría gustado que durará un poco más.
—Es tarde —susurró Luciana—. Debería regresar a mi habitación.
Se reprochó en sil