Luciana había terminado de alistarse para ir a la cama cuando llamaron a su puerta. Era algo tarde, pero a veces —antes de dormir— Lia venía a verificar si estaba todo bien con ella.
—Oh… hola —dijo sorprendida al darse cuenta que no se trataba de Lia sino de Ignazio.
Después de que se había marchado con su novia, no creyó que el regresaría. Pasaban de las nueve de la noche.
Él le dio una sonrisa que no llegó a sus ojos. Se veía agotado. Luciana se hacía una idea de quién lo había dejado as