Luciana siguió a Ignazio más allá del jardín. Era un día soleado y una caminata sonaba bastante bien.
Los demás habían regresado al interior de la casa para ponerse sus bañadores. Tenían planeado pasar el día en la piscina y los hijos de Isabella era los más emocionados. Sonrió al pensar en ellos, era difícil no encariñarse con Caeli y Matteo, ambos eran bastante tiernos.
Luciana habría querido compartir su emoción, pero nunca había aprendido a nadar. En casa de Rodolfo —comenzaba a no ver más