Ignazio estaba agotado. Durante la noche había sucedido un accidente automovilístico y habían llegado varios heridos. Entre estabilizar a los más graves y monitorizarlos constantemente, él y su equipo no habían descansado ni un poco.
—Buen trabajo —dijo mirando a las enfermeras—. Nos vemos en unos días.
—Que descanse, doctor. Salude a su esposa de nuestra parte.
Las enfermeras estaban encantadas con Luciana. Ella había ido a visitarlo al hospital en más de un par de ocasiones. Siempre llevaba