Capitulo 1

—No quiero reclamar un vínculo con ese hombre

sentenció Larissa, su voz temblando no de miedo, sino de indignación

— No lo conozco, no sé si su aroma es compatible conmigo, ni qué clase de monstruo se oculta tras su casta.

—¡Le debes a la familia Carpiette la crianza que te dio!

rugió su madre sin ninguna de preocupación hacia su persona

— Deja de ser una Omega egoísta. Deberías aprender de tu hermana; ella aceptó su destino con la resignación que se espera de su rango.

Larissa sintió una náusea amarga al recordar a su hermana adoptiva. El mundo la veía como la compañera de un Alfa respetable, pero la realidad era un nido de humillación. Su "hermana" era tratada como una criada en su propia casa, obligada a convivir con la amante de su esposo, con la cual ocultaban muy bien la relación al ser hija de su última esposa, su bella hijastra al mundo, su amante puertas adentro, cuya farsa iba más allá de los límites al tener dos hijos, que su hermana tuvo que aceptar como suyos, mientras sus instintos de Omega eran pisoteados día tras día. Esa vida de servidumbre y supresión era la muerte en vida, y Larissa no la aceptaría.

—Yo no les debo nada. Ustedes me arrancaron de mi hogar para usarme como moneda de cambio

replicó ella, llena de rabia al recordar todo lo que esta familia le había hecho a ella y a su abuela

La señora Carpiette hervía de rabia. Para ella, las hijas eran activos biológicos, úteros que vender al mejor postor para fortalecer el apellido. Si hubieran nacido Alfas, el orgullo sería otro, pero para ella, las Omegas eran solo "zorras" útiles para atraer capital.

—Tu abuela era una campesina que no podía darte los lujos que nosotros te dimos

escupió la mujer, como mentiras encubiertas que ella misma quería creer

—¿Lujos?

Larissa soltó una carcajada carente de alegría

— Desde que llegué, solo he sido mano de obra para sus caprichos, mina de oro para sus cuentas bancarias

El señor Carpiette se levantó. Su sola presencia de Alfa llenó la habitación de una presión asfixiante. Sin mediar palabra, lanzó una bofetada cargada de feromonas agresivas que mandó a Larissa al suelo. Su frente golpeó el borde de un mueble, y el olor metálico de la sangre comenzó a llenar el aire.

—Eres una malagradecida. Te sacamos de ese muladar, te dimos un apellido de renombre... ¿Así pagas nuestra amabilidad?

Larissa sonrió con desprecio desde el suelo. ¿Amabilidad? Ella y su hermana dormían en una choza de madera fuera de la mansión, privadas de las necesidades básicas, mientras su hermano menor, el "heredero Alfa", disfrutaba de cada privilegio, ellas eran las mulas de trabajo, las incubadoras andantes, mientras el joven era el que alargaría el linaje de los Carpiette

Antes de que el castigo continuara, el timbre interrumpió la violencia. Las empleadas, aterradas por el trato que recibía la joven, se apresuraron a abrir.

La familia Roux entró con una elegancia que silenciaba cualquier grito. Venían a conocer a la prometida de su hijo, Adrien, pero la escena que encontraron fue dantesca: Larissa sangrando en el suelo, su aroma a miedo y dolor impregnando la sala. Adrien, un Alfa joven, dio un paso instintivo para ayudarla, pero su madre lo detuvo con una mirada de acero que no daba lugar a ninguna duda

—Lamentamos que vean esto

balbuceó el señor Carpiette, tratando de sonreír hipócritamente

— Solo educamos a nuestra hija.

La señora Roux no respondió. Con una dignidad gélida, se acercó a Larissa, la levantó y ordenó a su escolta que la sacaran de allí. Se fueron sin dedicar una segunda mirada a los Carpiette, dejando atrás un silencio sepulcral, que ellos no sabían cómo interpretar

El mundo de Larissa se volvió borroso. Despertó en una habitación desconocida, escuchando voces que parecían venir de un túnel.

—¿Qué tiene esta gente en la cabeza?

la voz de Adrien sonaba llena de asco

— La trataron peor que a un animal, son unas bestias.

—Necesitaba corroborar los rumores, hijo

respondió la señora Roux

— La madre de Larissa fue mi mejor amiga. Murió protegiéndome de la violencia de tu propio padre... Le debo esto a su memoria.

—Pero madre, yo no puedo casarme con ella, es imposible

insistió Adrien

— Mi propia pareja destinada se pondría furioso. No voy a arriesgar mi hogar por un contrato de la infancia, con el cual yo no estuve de acuerdo

—Yo me encargaré de eso, no te preocupes hijo

dijo ella con tristeza

— Solo espero que el destino sea más clemente con esta niña de lo que hemos sido nosotros.

Larissa intentaba abrir los ojos, pero su cuerpo pesaba como el plomo. El médico hablaba de desnutrición, de anemia avanzada y de un cuerpo "desgastado como el de un anciano". Pero lo que realmente la hizo reaccionar fue el cambio en el aire, las voces desconocidas .........

Un aroma familiar, denso y oscuro, inundó la habitación.

—¿Qué significa esto, Nathan?

preguntó la señora Roux.

—Traje especialistas extranjeros para la niña

la voz de Nathan Dubios era una vibración que Larissa sintió en sus propios huesos

— Solo quiero ayudar, Rousse.

La señora Roux suspiró, ignorando la tensión eléctrica que siempre rodeaba a su hermano menor cuando se trataba de Larissa. Ella no sabía qué había pasado entre el Alfa dominante y la Omega perdida en el pasado, pero sabía que la tormenta *p*n*s comenzaba.

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