El silencio en la villa de la costa no era de paz, sino de tregua. Para Larissa, como el eco de su propia mente a veces le susurraba, el sonido del mar rompiendo contra los acantilados era una melodía que intentaba llenar los huecos de su memoria. Se encontraba de pie en el balcón principal, dejando que la brisa salina le enredara el cabello. A su lado, Nathan la observaba con esa intensidad de quien intenta leer un libro al que le faltan páginas.
Larissa cerró los ojos y, por un instante, el r