Adara
Eros llegó a la sala de espera personalizada. Con solo ver su semblante, supimos que no eran las mejores noticias.
—Familia. —Y ese inicio de conversación no era el más idóneo.
—¡Eros, no digas… por favor, mi pequeña no!
—Aún respira, Divina. Pero… nuestra hija no está bien. —Se le quebró la voz—. Debo llevarme a Oriana para empezar el proceso del trasplante de médula.
Nadina gritó cayendo al piso, con ella más de una de las mujeres de la familia lo hicieron. Un fuerte deseo de salir corr