El aire exterior golpeó a Amanda en el rostro apenas cruzaron las puertas del bufete. París seguía allí, indiferente, con su tránsito constante y su elegancia habitual, como si el mundo no acabara de tambalearse bajo sus pies. Los flashes no aparecieron, los periodistas aún no sabían. Pero ella sí. Y eso era suficiente.
Jared avanzó a su lado con paso firme, su mano apenas rozando la espalda de Amanda, guiándola sin imponerse. Los abogados los observaron partir con una mezcla de alivio y temor