La sola presencia de Jared alteró el aire del pent-house. Vestía impecable, como siempre, pero había algo distinto en su postura, una atención alerta, afilada, como si ya supiera que la calma había terminado.
—¿Qué ocurre? —preguntó, sin rodeos.
Amanda alzó la mirada. Por un instante pensó en fingir, en suavizarlo, pero no tenía fuerzas para hacerlo.
—Tengo que salir —dijo—. Es un asunto importante.
Jared frunció apenas el ceño.
—¿Ahora?
—Sí.
La firmeza de su voz hizo que él no insistiera de in