El restaurante comenzaba a llenarse a medida que avanzaba la tarde. El murmullo selecto de conversaciones en distintos idiomas flotaba en el aire, mezclado con el tintinear suave de las copas. Jared y Amanda se levantaron de la mesa cuando el maître anunció que un invitado deseaba saludarles.
Amanda fue la primera en notarlo.
Un hombre alto, de porte distinguido, cabello castaño apenas salpicado de canas, avanzaba hacia ellos con una sonrisa segura. Vestía un traje oscuro impecable y caminaba con la naturalidad de quien está acostumbrado a ser reconocido sin necesidad de presentarse.
—Señora Portal —dijo, extendiendo la mano con cortesía—. O debería decir… señora Davenport.
Amanda parpadeó, sorprendida, pero aceptó el saludo.
—Amanda está bien —respondió con educación.
—Edward Whitmore —se presentó.
Jared observó la escena sin intervenir de inmediato. Sus ojos azules analizaban cada gesto, cada palabra. No había amenaza en aquel acercamiento, pero sí interés.
—La estaba buscando —cont