Amanda trago saliva. Él estaba apoyado contra la isla de mármol, con una copa en la mano, observándola como si hubiera sabido que ella bajaría. El traje oscuro seguía impecable, pero la chaqueta estaba abierta, la corbata ausente. Parecía peligrosamente cómodo en su territorio.
Amanda no sabía que hacía él aún con traje y en la cocina. Sus ojos verdes se encontraron con los azules de él, y el mundo pareció encogerse hasta reducirse a ese espacio entre ambos.
—¿Siempre huyes así? —preguntó Jared