La noche avanzaba en París con una cadencia sumamente elegante: las luces doradas caían sobre las veredas, los autos de lujo se desplazaban con lentitud, y el bar exclusivo donde Jared se encontraba seguía vibrando con la música suave del jazz. El ambiente olía a riqueza, poder y secretos.
Jared estaba a punto de terminar su conversación con Jonathan cuando se acercó un hombre de mediana edad, con canas bien cuidadas, traje italiano impecable y una sonrisa afable que contrastaba con el aura dominante de Jared.
El socio era Antoine Morel, uno de los empresarios más influyentes en el mundo del arte, la moda y las subastas de piezas antiguas. Un hombre que sabía moverse entre la élite como un pez en el agua. Había colaborado con los Davenport en proyectos financieros y culturales durante más de cinco años, y era el anfitrión de algunas de las celebraciones más exclusivas de Francia.
—Jared, mon ami —saludó Morel, estrechando la mano del joven magnate con firmeza—. Me alegra encontrarte a