Era sábado por la mañana, y la ciudad aún dormía mientras el sol se colaba entre las rendijas de las cortinas. Helen despertó antes del despertador. Despertó con un beso en la nuca, una mano caliente deslizándose por las curvas de su cintura y un susurro que le erizó hasta el alma.
—Buenos días, señora Carter.
Ella se giró y encontró a Ethan ya despierto, apoyado en el codo, mirándola con esa sonrisa de quien planea pecados antes del café.
—¿Tienes algún botón interno que te activa en modo “dep