Mundo ficciónIniciar sesiónLos platos estaban casi todos lavados. El reloj de la pared marcaba las 21:36. La cocina aún conservaba ese aroma acogedor de comida hecha con cariño, pero ahora era el olor del café recién preparado el que dominaba el ambiente. Zoe, en calcetines, ya tomaba su segunda taza en el balcón, observando el cielo estrellado, mientras David y Tiago estaban en la sala, enfrascados en una partida de videojuegos.







