El reloj marcaba las 22:17 cuando Ethan y Helen finalmente entraron al dormitorio después de un día agotador. Entre reuniones, provocaciones y una cena regada a confesiones (algunas bastante más indecentes que otras), el ambiente entre ellos estaba cargado de deseo, risas y expectativa.
Helen estaba recostada en el centro de la cama, con el cabello suelto y una camisola de seda negra que decía claramente: “me estoy esforzando por ser romántica, pero en cualquier momento puedo montarte”. Ethan,