Mundo ficciónIniciar sesiónEl timbre sonó a las 18:58. Dos golpes seguidos por un leve tintineo, como si quien estuviera del otro lado de la puerta supiera que aquel momento exigía más que un simple “ding-dong”.
En la sala, todos contuvieron la respiración. Helen, que acomodaba los cojines por décima vez, se detuvo a mitad del gesto. Zoe, junto a la bandeja con los cubiertos de post







