Helen y Zoe estaban sentadas en un restaurante encantador en el centro de la ciudad. La mesa, decorada con un pequeño jarrón de flores blancas, tenía los platos casi intactos, pues la conversación resultaba mucho más interesante que la comida. Zoe estaba visiblemente animada, con los ojos brillantes de curiosidad mientras se inclinaba hacia adelante.
—Bueno, ahora cuéntame, Helen —dijo Zoe, con una sonrisa traviesa—. ¿Cómo es eso de que viniste hoy a la empresa con Ethan?
Helen suspiró, removiendo distraídamente el jugo con la pajilla.
—Solo quiso ser amable después de lo que pasó ayer —respondió, intentando parecer indiferente.
—Ya… —Zoe alzó una ceja, desconfiada—. ¿Y qué fue exactamente lo que pasó ayer?
La sonrisa en el rostro de Helen se desvaneció y lo miró a los ojos.
—¿No viste la noticia?
—¿Noticia?
Helen tomó el celular, lo manipuló y buscó en las redes sociales. Frunció el ceño al notar que la publicación había sido eliminada.
—Vamos, Helen, dime de una vez qué hizo el idio