Helen y Zoe estaban sentadas en un restaurante encantador en el centro de la ciudad. La mesa, decorada con un pequeño jarrón de flores blancas, tenía los platos casi intactos, pues la conversación resultaba mucho más interesante que la comida. Zoe estaba visiblemente animada, con los ojos brillantes de curiosidad mientras se inclinaba hacia adelante.
—Bueno, ahora cuéntame, Helen —dijo Zoe, con una sonrisa traviesa—. ¿Cómo es eso de que viniste hoy a la empresa con Ethan?
Helen suspiró, removie