Zoe estacionó el coche con más fuerza de la que pretendía; la rabia todavía le hervía bajo la piel. No conseguía sacar de su mente la escena de Miranda acercándose a ellas con aquella maldita sonrisa presuntuosa, humillando a Helen sin necesidad siquiera de alzar la voz. Lo peor había sido ver el dolor estampado en el rostro de su cuñada, aún cuando intentaba disimularlo.
En cuanto entró en casa, se encontró con Ethan en el recibidor, ajustándose el saco. Parecía a punto de salir, con una carpe