La oficina estaba en penumbras. Solo la luz de la lámpara del escritorio iluminaba el diario abierto frente a Luisa. Sus ojos recorrían las páginas amarillentas con una mezcla de esperanza y miedo. Cada palabra de su madre era un latido, un suspiro, un pedazo de verdad que llevaba años esperando ser descubierto.
Damián se había quedado con ella. No quería dejarla sola. No después de lo que habían empezado a desentrañar. Estaba sentado a su lado, en la silla auxiliar, con los codos apoyados en l