El whisky quemaba en su pecho como un recordatorio de todo lo que había perdido. O quizá de todo lo que nunca había valorado. Erick llevaba horas en la sala, solo, vaciando copa tras copa mientras la noche se espesaba afuera. El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando decidió que ya no podía más.
No podía quedarse allí, en ese sillón, con la imagen de Luisa clavada en su cabeza. Su labial rojo. Su collar brillando. La forma en que había dicho "yo no soy el problema" con esa calma que helab