Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses. El calendario marcaba el paso del tiempo con una indiferencia cruel, mientras la vida de Luisa se transformaba en una rutina implacable de reuniones, números, estrategias y decisiones que pesaban como losas sobre sus hombros. El reloj de la pared en su oficina era su testigo más fiel, acompañándola desde el amanecer hasta la noche, cuando la ciudad se dormía y ella seguía despierta, luchando contra el cansancio y la incertidumbre.
Lui