El cuerpo de Luisa aún vibraba con el eco de la pasión cuando Erick la levantó en brazos. Sus brazos, fuertes y seguros, la sostuvieron como si fuera lo más frágil y valioso del mundo. No había prisa en sus movimientos, solo una determinación tranquila, como si aquel gesto hubiera estado esperando el momento adecuado para realizarse. Luisa sintió que el corazón se le aceleraba de nuevo, no por deseo, sino por la ternura que envolvía cada uno de sus movimientos. Era como si él estuviera diciendo