La noche se había vuelto más íntima, más densa, como si el tiempo mismo se hubiera detenido para ellos. Las palabras de Erick aún resonaban en el aire, flotando entre ellos como promesas suspendidas en la penumbra. Luisa sintió que el corazón se le aceleraba, que las piernas le temblaban, que cada fibra de su ser estaba dividida entre el deseo y el miedo.
Erick la miró con una intensidad que la desarmó por completo. Sus ojos oscuros brillaban bajo la luz tenue de la lámpara, y en ellos había al