Una semana había pasado desde que Luisa descubrió que las cuentas de la empresa estaban vacías. Una semana de noches en vela, de ojos secos y ardientes que se negaban a cerrarse, de llamadas a abogados que no tenían respuestas, de reuniones con la policía que no tenían avances. Una semana de silencios que pesaban más que cualquier grito, de miradas perdidas en el techo oscuro de la habitación, de preguntas sin respuesta que daban vueltas en su cabeza como un eco interminable. Una semana de ver