La mañana siguiente, el auto de Damián llegó puntual frente a la mansión. Luisa salió con paso firme, el maletín en una mano y la carpeta con los documentos en la otra. El aire fresco de la mañana le rozó el rostro, pero no logró despejar la tormenta que llevaba por dentro. La noche anterior no había dormido bien. La imagen de Erick en la cocina, con su mirada distante y su silencio acusador, seguía grabada en su mente.
Damián bajó del auto y le abrió la puerta del acompañante con una sonrisa q