54.
Entré al cementerio. Ya ni siquiera tenía fuerzas para correr. Caminé despacio por entre el césped y la tierra, y cuando llegué al lugar, caí arrodillado frente a la tumba abierta. Me habían avisado muy tarde.
La tumba de Evangeline ya había sido completamente profanada, y todo por culpa de mi madre, por culpa de su desconfianza, de su deseo de hacer lo que le da la gana sin ninguna consecuencia. Pero no esta vez. Esta vez sí tendría consecuencias. Ella tendría que pagar por lo que hizo. ¿Cómo