16.
El dolor fue tan fuerte y tan punzante que me dejó paralizada, tan repentino. Según lo que yo había logrado leer en las revistas que había encontrado sobre los partos, normalmente siempre las contracciones comenzaban lentas, un pequeño dolor que aumentaba cada vez que la contracción llegaba.
No me imaginé que mi primera contracción sería tan dolorosa, menos tan riesgosa.
Estaba ahí, con la puerta abierta. Nicolás estaba frente a mí, separados únicamente por unos cinco metros, pero yo me quedé