160.
— Ya duérmete — me dijo Elisa. Pero sinceramente no tenía absolutamente nada de ganas de dormir, a pesar de que tenía el cuerpo entumecido y me sentía cansada, realmente agotada como nunca en la vida. Pero yo la miré a sus ojos oscuros.
— No tengo sueño. Duerme tú primero — le dije.
Pero ella se rio.
— Ya te dije que no te daré la oportunidad para que me cortes el cuello.
— Entonces, ¿no vas a dormir esta noche? — le pregunté.
Y ella se encogió de hombros, apartando la mirada hacia el fuego.