155.
El golpe contra el agua nunca era como uno imaginaba. A bajas alturas, se entraba perfectamente; era cómodo, divertido. Pero a una altura considerable, a tanta velocidad, nuestros cuerpos chocaron contra el agua como si fuese cemento.
El golpe me arrancó el aire. Cuando me sumergí en el agua, inmediatamente la corriente me arrastró. Mis pies chocaron el fondo del pequeño lago y me impulsé hacia arriba para tratar de nadar y recuperar el aliento. Cuando saqué mi cabeza, respiré profundo. Pude ve