156.
La guadua era lo suficientemente resistente. Lo tomé con las manos temblorosas; venía con todo el cuerpo dolorido y cansado, pero tal vez era una buena oportunidad. Tal vez salvar la vida de Elizabeth quisiera cambiar de opinión. Tal vez pudiera darle otra oportunidad para que ella me diera otra oportunidad.
Cuando estiré la guadua hacia ella, la madera quedó atorada completamente entre dos piedras: una de la orilla y otra a un metro de donde Elisa estaba agarrando para no caer por la corriente