145.

Llevaba tanto tiempo sin tener una noche relativamente tranquila que me desperté en la madrugada asustada, como si tanta tranquilidad no fuera cierta, como si esa tranquilidad no fuese más que el inicio de una enorme tragedia. Pero todo estaba tranquilo, en calma. La luz de la luna se colaba a través de la ventana, dejándome ver el rostro tranquilo de Nicolás durmiendo a mi lado. Al parecer, era verdad: era una noche tranquila.

Pero yo ya no pude volver a conciliar el sueño el resto de la noche
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