146.
En cuanto vi la fotografía, di un paso atrás. Golpeé uno de los bancos que había en el lugar, y este cayó al suelo rodando.
— No puede ser — dije.
En la imagen, Kevin se veía golpeado, amordazado, y la sonrisa vibrante de Elisa me indicó que estaba disfrutando de aquello. Que de verdad lo estaba disfrutando. Claro que sí, era un monstruo. ¿Cómo alguien como ella no disfrutaría algo como eso?
Nicolás se puso de pie de inmediato. Tomó su teléfono y llamó. Al otro lado, un hombre contestó.
— ¿Qu