Capítulo 55. El Silencio que respira olor a control.
**Valentina**
El silencio era distinto.
No era el mismo de la celda húmeda, donde el olor a moho y encierro me rodeaba como una segunda piel. Este era… limpio. Casi estéril. Olía a madera, a desinfectante, a perfume masculino. El aire estaba más templado, menos opresivo. Pero yo seguía atada. Seguía vendada.
Y seguía aterrada.
Mis muñecas dolían por las ligaduras. Me ardían. Los tobillos también. Estaba sentada sobre una superficie suave —¿un sofá? ¿Una cama?— pero la venda seguía cubriendo mis