Mundo ficciónIniciar sesiónLa finca de los García, ese fin de semana, se había convertido en el escenario de mi propia tortura. Cada instante era una puñalada, un recordatorio constante de lo que no podía tener, de lo que se me escapaba de las manos. Desde el momento en que Juan José, con su sonrisa insolente y su mirada desafiante, había soltado su confesión sobre Vale







