La noche había terminado. El restaurante quedó atrás, con sus luces tenues y su música de cámara, pero la celebración continuaba en el corazón de cada uno de los Valenzuela. El auto se deslizaba por las calles vacías de la madrugada, llevando a la familia de regreso a casa.
Ana iba en el asiento trasero, con los mellizos en su carrito doble sujeto con los cinturones de seguridad. El pequeño Nicolás dormía con su expresión seria, como si ya estuviera planeando cómo conquistar el mundo. La pequeñ