El atardecer pintaba el cielo de tonos naranjas y rosados sobre el lago.
Cristóbal avanzaba lentamente entre los árboles, con el corazón latiéndole con tanta fuerza que temía que pudieran oírlo desde las cabañas. Cada paso era una mezcla de determinación y miedo. Las piernas le temblaban ligeramente, aunque hacía años que no sentía algo así. La respiración se le escapaba entrecortada a pesar de sus esfuerzos por controlarla.
Llevaba casi una hora escondido tras los arbustos, observando, esperan