Las semanas habían pasado con una lentitud desesperante para Cristóbal.
Desde aquel enfrentamiento en la puerta del edificio de Nicolás, no había vuelto a saber de Ana. No directamente, al menos. Pero su obsesión no había hecho más que crecer, alimentada por la duda, por la rabia, por una necesidad que lo consumía por dentro.
No era solo deseo físico. Era algo más profundo. Más oscuro. Más necesario.
La necesitaba como se necesita el aire para respirar. La necesitaba para vivir.
Esa noche, en s