La cabaña quedo en silencio.
Solo se escuchaba el viento suave acariciando los árboles afuera y, a lo lejos, el leve rumor del lago bajo la luz de la luna.
Ana estaba de pie junto a la ventana, mirando el reflejo plateado del agua, con una mano apoyada en el vientre y la otra colgando a su costado. Su respiración era tranquila, pero por dentro el corazón le latía con una fuerza que no podía controlar.
Cristóbal se acercó lentamente por detrás.
Ella sintió su calor antes de que la tocara. Esa ca