El auto de Nicolás se detuvo frente a la villa cuando el sol comenzaba a asomarse entre las nubes grises.
El viaje había sido silencioso, apenas roto por algún comentario sin importancia de su madre sobre el paisaje o el tráfico. Pero Nicolás no escuchaba. Su mente estaba en otra parte. En Cristóbal. En las palabras que nunca había dicho. En el perdón que no sabía cómo pedir. Había ensayado mentalmente lo que le diría, una y otra vez, durante todo el trayecto. Pero ahora que estaba frente a la